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jueves, 1 de agosto de 2013

Filosofía desencajada

Darío Sztajnszrajber.

Txt. Andrés Kilstein - @nofumarx | Ph. Lula Bauer



Para cualquier persona es difícil imaginar a un filósofo moviéndose cómodo en un set de televisión, un estudio de radio o enfrentando a un público melómano en un escenario. Sin embargo ésta es la apuesta de Dario Sztajnszrajber: sacar a la filosofía de los claustros en los que está confinada. Luego de sus incursiones en radio (primero fue Gente sexy, por la Rock & Pop, y luego un programa propio en Radio Madres, El innombrable) y en TV (Mentira la verdad y Amar al cine, ambos en canal Encuentro), Sztajnszrajber se destaca con Desencajados, un show en Ciudad Cultural Konex que combina filosofía y rock nacional. Temas de Pescado Rabioso, Fito Páez, Divididos, interpretados por guitarra, bajo, percusión y la voz notable de Lucrecia Pintos, construyen la atmósfera ideal para la reflexión de Sztajnszrajber. Talentos musicales como Charly García o Spinetta aportan sus líneas como disparadores del comentario apasionado del pensador. Todo esto en una puesta en escena lograda y melancólica. 

¿Cuál es la idea central del espectáculo? 

Desencajados, filosofía más música es una nueva propuesta en la línea de extraer a la filosofía de su institucionalización. Esta la ha privado en parte de su espíritu original, popular, ligado a una dimensión existencial del ser humano. Las universidades son un invento del siglo XIII; pero la filosofía nace en la calle, con Sócrates peleándose con sus alumnos en el mercado. Luego se burocratizó, se volvió un dogma con sus propias reglas, y se cons-tituyó una comunidad que se reproduce a sí misma.

La filosofía lleva a un desacomodamiento existencial, 
una conmoción no  muy diferente a lo que 
genera una  canción o una danza.

¿Por qué la idea de articularla con música? 

Para mí, la filosofía tiene mucho más que ver con el arte que con la ciencia, aunque no reniego de esta última relación. Derrida decía que la filosofía es un género literario. La filosofía lleva a un desacomodamiento existencial, una conmoción no muy diferente a lo que genera una canción o una danza. 

¿Existen otros espectáculos del mismo género que hayas tomado de referencia? 

Como antecedente cercano está el espectáculo de Santiago Kovadloff con Lerner y Moguilevsky, donde Santiago leía textos de Borges y los chicos improvisaban música. Mi espectáculo es al revés: una lista fija de clásicos del rock nacional que dialogan con textos e improvisaciones filosóficas. 

Slavoj Zizek se ganó el mote del filósofo pop por haber introducido piezas de la cultura popular para ejemplificar sus teorías. ¿Hacés una operación equivalente? 

Jamás me compararía con un groso como Zizek. Pero esa es la lógica que persigo. La filosofía no sólo revisada en su contenido sino en su formato. Zizek tiene videos donde se lo ve en la cama explicando conceptos, o con el hijo, o filosofando sobre modelos de inodoros. Al revés de lo que sucede en Argentina, afuera no despotrican contra él por hacer estos movimientos. 

En Twitter mostrás un faceta más pesimista que en TV o en radio, ¿te considerás una persona pesimista? 

En primer lugar habría que definir qué es ser pesimista. Yo creo en un pesimismo emancipatorio. Creo que la sociedad de consumo en la que vivimos hace alarde de un optimismo ingenuo generalizado. Cuando se habla de amor, la idealización del sentimiento termina antes en frustración que en felicidad. Pero hay una diferencia: no es lo mismo decir “el amor es una mierda” que “el amor, por suerte, nunca cierra”. Entiendo que este pesimismo te libera del verdadero pesimismo que está puesto en la idelización ingenua del amor. 

“El imperativo por gozar”, diría Zizek. 

Exacto. El imperativo por gozar te frustra, no te permite gozar. De ahí el pesimismo emancipatorio, más en esta sociedad marcada por el placer inmediato y el utilitarismo vincular. 

¿Alguna vez te ofrecieron dictar un curso, escribir un libro o un artículo de autoayuda? 

Por ahora no. No me sentiría cómodo con la propuesta, pero tampoco me pondría en lugar de juez a decir “esto es inválido”. Ante cualquier disciplina del saber uno tiene la obligación de ejercer la sospecha. Así como hay una burocratización académica frente a la cual es válido decir: “che, se nos elitiza el saber”, también es válido postular que hay una popularización desmedida que también termina mal. Porque detrás de muchos grupos de autoayuda hay sojuzgamiento; detrás de mucha neoespiritualidad, hay mercantilización de la creencia. Entonces uno tiene la obligación de sentar una posición. Ahora, celebro aquello que esté orientado a recuperar el sentido originario de la filosofía como pregunta, como apertura, como encuentro con lo Otro. Porque esa es también mi propia búsqueda.

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